Por la orilla del río / Esteban Marín Pérez

Vamos a hacer un ejercicio de imaginación. En este ejercicio imaginamos que somos una empresa de asfaltado de calles, de servicios de limpieza o cualquier otro proveedor de bienes o servicios que podamos imaginar. Imaginemos que un ayuntamiento decide que necesita los servicios que ofrecemos. Como no tiene un proveedor para este servicio, el ayuntamiento en cuestión saca a concurso la concesión del contrato. Hasta aquí todo correcto. Excepto que el pago por este servicio no es monetario, es en especies. Entre ellas, un paseo en burro por la orilla del río.

Un ayuntamiento incluía el paseo como pago en especies dentro de una convocatoria para el pintado de un mural en su ciudad. Entiendo el encanto que puede tener, pero los artistas no viven de paseos en burro por el río (aunque los disfruten como cualquier otra persona).

«¿Cuántos paseos en burro cuesta un mural de 50 m2

Siguiendo con este ejercicio de imaginación me pregunto cuántos paseos en burro vale el asfaltado de una calle, el recibo del alumbrado público de este mes o el sueldo del alcalde. Son muchos paseos en burro. Más de los que un burro puede hacer probablemente. ¿Cuántos paseos en burro cuesta un mural de 50 m2? Al parecer un paseo en burro, una sesión de spa y el alojamiento.

Francisco de Goya y Lucientes, <i>Tú que no puedes (Capricho nº42)</i>, 1799. The Metropolitan Museum of Art (Dominio público)
Francisco de Goya y Lucientes
Tú que no puedes (Capricho nº42), 1799
The Metropolitan Museum of Art
(Dominio público)

Hay muchos tipos de precariedad laboral. Esta se presenta en muchas formas, todas relacionadas con las condiciones de trabajo. En el mundo del muralismo y el arte urbano, ¿qué indicadores de precariedad laboral encontramos? Principalmente: seguridad y salud, salario y condiciones de contratación.

No debería escandalizarnos que se pague al artista en paseos en burro cuando muchas convocatorias no incluyen más que alojamiento y manutención. ¡Ni un paseo en burro me han pagado por mi trabajo! Qué menos. En este clima tan hostil, un paseo en burro se convierte en un aliciente entre la cantidad de convocatorias (algunas de renombre) que no abonan ni siquiera una cantidad simbólica al artista. Mejor un paseo en burro que nada, en eso estamos de acuerdo. Podríamos decir que esta convocatoria aporta más al artista que la mayoría de convocatorias que se realizan actualmente.

¿Qué empuja al artista a aceptar estas condiciones? Uno de los motivos principales es la falta de oportunidades para desarrollar su trabajo en grandes formatos. Es evidente que el cambio de escala que está sufriendo el muralismo está dejando fuera a muchos artistas sin acceso a los medios necesarios para ejecutar obras de ese tamaño. Aun sin cobrar, el hecho de poder ejecutar una obra de tal formato es aliciente suficiente. Aunque no se exijan las condiciones de seguridad laboral propias de una obra ni se cobre por realizarla.

Aquí entra en juego la palabra mágica: visibilidad. La visibilidad es algo que no se ve pero está ahí. Es el ingrediente secreto de la fórmula de la precarización de muchas formas de arte. La visibilidad es como la religión o la lotería: has de tener fe.

Pero transformar esa visibilidad y popularidad de tu obra en trabajo de calidad y remunerado no es tarea fácil, de hecho es un trabajo en sí mismo. Que la visibilidad de participar en un certamen o pintar una obra beneficia la carrera del artista es innegable. Le da los medios y el escaparate para realizar y mostrar un trabajo que de otra manera no sería realizado.

Francisco de Goya y Lucientes, <i>Ni mas ni menos (Capricho nº41)</i>, 1799. The Metropolitan Museum of Art (Dominio público)
Francisco de Goya y Lucientes
Ni mas ni menos (Capricho nº41), 1799
The Metropolitan Museum of Art
(Dominio público)

Esta visibilidad funciona en ambas direcciones y el promotor de esta obra también se beneficia del resultado final de manera similar al artista.
Es evidente que el asfaltado de una carretera no se paga en paseos en burro por la orilla del río del pueblo, pero tampoco en visibilidad. Explotar y sacar rendimiento de la visibilidad de tu trabajo, sea cual sea, es un derecho y no una contraprestación que substituye a la mano de obra. No podemos pretender pagar con algo que ya pertenece al artista en primer lugar y al promotor de la obra en segunda instancia. Tanto el impacto en visibilidad como curricular repercute en ambas partes y puede ser un plus a la hora de aceptar un encargo, pero nunca debería ser la única motivación.

¿Podríamos medir la visibilidad necesaria para que compensase la mano de obra por realizarla? ¿Cuántos seguidores nuevos en redes, publicaciones en medios o menciones valen una obra? ¿Cuántas convocatorias pueden realmente aportar esa cantidad de visibilidad? ¿E impacto significativo en el currículo del artista?

«¿Cuántos seguidores nuevos en redes, publicaciones en medios o menciones valen una obra?»

Por norma general, quienes buscan únicamente visibilidad mediante la participación en un proyecto artístico son los patrocinadores. Un patrocinador aporta capital o especies para que ese proyecto se lleve a cabo a cambio de visibilidad y mejora de imagen. Siguiendo esta lógica, un artista que ceda el valor de su trabajo a cambio de visibilidad está en el mejor de los casos autopatrocinándose. En el peor de los casos el artista renuncia a su salario en proyectos que sí sacan beneficio económico directo de su trabajo. Los tiempos avanzan y hemos pasado del mecenazgo al artista a la autoexplotación, donde el artista no es sostenido económicamente por un tercero sino que solamente puede realizar su trabajo a costa de no cobrarlo.

Con este artículo no quiero dejar fuera otros factores que pueden hacer que un artista quiera realizar una obra a costa de las mejores condiciones para realizarla. No todo se mide económicamente o en visibilidad. Hay muchos otros parámetros, como los valores detrás del proyecto con el que se colabora, el espacio o ciudad que se intervendrá, la experiencia, contactos que podemos realizar y pueden llevar a futuros encargos o el simple reto de realizar esa obra.

Todos ellos son alicientes que pueden decantar la balanza pero que idealmente no deberían sustituir un salario justo, unos parámetros de seguridad y salud obligatorios y unas condiciones de contratación adecuadas.

¿Qué hace falta para que artistas y promotores cambien la mentalidad? ¿Un accidente con una plataforma elevadora? ¿Cinco? ¿Cuántos años puede estar un artista pintando grandes murales a cambio de poco más que comida y alojamiento? ¿Es ético realizar un proyecto sin los medios necesarios para que los participantes estén en las condiciones adecuadas? ¿Quién se beneficia de estos proyectos además del artista? ¿Cuántos de estos proyectos donde el artista no percibe salario son llevados a cabo por gestores que sí cobran por ese trabajo? Y la última pregunta: ¿cuántos paseos en burro vale este artículo?

Esteban Marín Pérez

Comienza a pintar graffiti en el año 2000 y rápidamente se vincula con el tejido asociativo del Baix Llobregat, ocupando desde entonces diferentes cargos en asociaciones de arte urbano en Sant Feliu, Cornellà y Hospitalet.

El graffiti despierta su interés por formarse como artista y realiza estudios de diseño gráfico e ilustración. En 2009 realiza su primer mural de gran formato (superior a 150 m2) y desarrolla su carrera primero como muralista y más tarde como comisario y gestor cultural. Recientemente ha creado la fundación Contorno Urbano, primera en España en el ámbito del arte urbano, y forma parte de la junta directiva de GHHSpain.

7 comentarios en “Por la orilla del río / Esteban Marín Pérez

  1. A mi me gustaría ponerme en contacto contigo, porque yo participo en un grupo que realiza un festival de arte “urbano”, pero también tenemos investigación y creo que podemos aportar un poco a este tipo de cosas. Somos de Querétaro, México. El Festival se llama The Board Dripper.

    1. Buenos días Manolo, ¿con quién exactamente te gustaría ponerte en contacto?

      Si es con Ensayos Urbanos puedes hacerlo a poligoncultural@gmail.com. Si es con el escritor de este artículo, Esteban Marín Pérez, podemos facilitarle tu correo electrónico.

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