Calidad frente a cualidad (en el arte urbano, el arte mural, el arte y su mezcla difusa) / Sue975

Ahora que damos por perdida definitivamente la denominación de «arte urbano» —es tarde ya para luchar contra el poder de los medios, que se han apropiado de la denominación y, con ella, del propio arte urbano—, lo mejor que podemos hacer es cambiarle el nombre.

Suscita muchas cuestiones lo de artistas urbanos, artistas murales y artistas. Pero creo que es tarde ya para este tipo de definiciones. Los artistas han visto las posibilidades del arte urbano, los artistas urbanos las del arte y los artistas murales las de ambos.

Vivimos en un mundo profundamente interrelacionado, donde las definiciones y verdades conviven y se influyen unas a otras. Más aún en el arte actual, donde las fronteras entre las artes plásticas clásicas se han difuminado por completo.

Por eso me resulta un poco cansada la retórica sobre las diferentes disciplinas. La cuestión de la ilegalidad, la inflación del mercado o la medianera más grande son aspectos que todos conocemos, y es bueno que se reflexione sobre ellos, pero desde un punto de vista caleidoscópico, teniendo en cuenta que todos ellos tienen relación entre sí, y constructivo, teniendo en cuenta la cualidad de la obra en cuanto que obra, es decir, al margen de la disciplina difusa a la que pertenezca.

Es sencillo criticar ahora a todos los medianeros festivaleros por su profusa festivalización, a los festivales por su gentrificación y a las empresas de grúas y andamios. Pero lo cierto es que, al menos, están decorando y revitalizando paredes que, reconozcámoslo, estaban peor antes que ahora.

Sería absurdo negar un trabajo sobre una medianera sólo porque está comisionado y/o sufragado por el erario público. Yo he visto algunos realmente buenos.

Ahora bien, del mismo modo que en el arte mural el comisionado no impide la calidad de la obra, en el arte urbano la ilegalidad no puede ser la única cualidad que aporte. Tiene más bien que participar del arte actual y ampliar sus cuestiones, si es que acaso queremos un arte urbano en cuanto que arte. Y si es que acaso alguien sabe cuáles son las cuestiones del arte actual.

«[…], del mismo modo que en el arte mural el comisionado no impide la calidad de la obra, en el arte urbano la ilegalidad no puede ser la única cualidad que aporte»

Otra cosa es que uno, personalmente, se sienta más afín al arte urbano o al mural. Yo prefiero el arte urbano porque sus obras se hallan a escala humana, que es la propia del artista, lo que les permite comunicarse con el espectador, situarse a su misma altura y plantearle cuestiones.

Por el contrario, las obras de arte mural son gigantistas. Minimizan al espectador hasta el punto de engullirlo. Se dice, y es verdad, que los festivales son el arte de las administraciones, y que como arte de las administraciones está dirigido a encandilar a las masas. No es otra cosa el arte público.

Pero precisamente no creo que sea justo decir que el arte mural es expresión de las administraciones, que lo es en muchos aspectos, pero no en el caso de la libertad creativa del artista. Es cierto que hay requisitos, y es normal que los haya; cuando uno hace un encargo lo quiere de una determinada forma, y es lógico que el promotor, público o privado, tenga sus condiciones.

Bajo estas ha de trabajar el artista, y aquí es cuando llueven de todos los lados. Se acusa al artista de «someterse al poder», de «arrodillarse»; «¡Vendido!», le dicen. Y esto no es justo. Se trata más bien de una inversión, porque gracias a este tipo de trabajos se consiguen fondos para poder trabajar en proyectos personales o comprarse cromos.

Lo que no significa que no debamos los artistas ser más exigentes en cuanto a dinero para producción y honorarios. Si hay que decir que no, se dice que no.

«Visto que el arte mural, lo que los medios llaman “arte urbano”, es en realidad arte público, puede decirse con seguridad que nos encontramos en una nueva era de rotondismo»

Visto que el arte mural, lo que los medios llaman «arte urbano», es en realidad arte público, puede decirse con seguridad que nos encontramos en una nueva era de rotondismo. Muchos han sido críticos con el arte de la rotonda, algunos incluso han pecado de elitismo enarbolando una supuesta modernidad, pero lo cierto es que a todo amante del arte no debería disgustarle, aunque no sea una obra maestra, una pieza en el soberano centro de una rotonda. Al menos podrá ponerla verde para regodearse en su sabiduría.

De la misma forma, una gran medianera viene a dar brillo a un espacio hasta ese momento opaco.

El problema es que este nuevo rotondismo le está saliendo a los ayuntamientos mucho más barato que el primero. Los presupuestos que maneja el rotondismo clásico, aquel que planta la escultura en el centro de la rotonda, exceden en muchos casos los 100.000 euros. Por el contrario, el presupuesto de una medianera, o mejor, el beneficio del artista que ejecuta el trabajo, puede ir desde un viaje en burro a los 10.000 euros en el mejor de los casos.

En este sentido, el arte mural se ha convertido en un arte público a bajo coste. Lo que no tiene nada que ver con la calidad o no de los trabajos.

Volviendo a la cuestión de la libertad creativa del artista en los trabajos comisionados, creo que no faltan ejemplos en la historia en los que los artistas han sabido sortear las censuras o formular sus críticas sin que los gobiernos hayan sabido detectarlas. No hay que olvidar que estos no destacan por su inteligencia. Pero no sería justo decir que las medianeras son un canal de propaganda del poder, aunque lo son en muchos aspectos.

Otra cuestión diferente es la emergencia de artistas que han visto en el auge del arte mural un espacio para ampliar sus capitales reputacionales o dar salida a sus creaciones de estudio. Cierto es que hay un gran número de artistas que no han participado de la apropiación artística y que sin embargo se autodenominan, no sin cierta ligereza, artistas urbanos.

Esto resulta doloroso porque, al fin y al cabo, el auge del muralismo es consecuencia del trabajo que los artistas urbanos han llevado a cabo desde los años noventa, y en especial de los escritores de graffiti, que son los que antes y mejor han sabido sacarle provecho al muro. Ahora bien, abiertas son las convocatorias de arte mural para que se presente el que quiera. Como lo es el arte urbano, con la ventaja de que no hay plazos de entrega, requisitos ni propagandas.

No en vano, los mejores artistas urbanos del mundo, quiero decir, los más conocidos, vienen todos ellos del graffiti. De la misma forma ocurre en España. Sería interesante averiguar qué tipo de ventajas aporta haberse formado en el arte urbano verdadero.

Vivimos un presente en el que las diferentes disciplinas coexisten, y en el que, por tanto, se hace difícil una crítica de una u otra. Ojalá el auge del arte mural sea longevo, y sean muchos los artistas y las administraciones que se beneficien de él. Le auguro una larga vida dado el bajo coste que conlleva y la buena imagen que aporta a los gobiernos. Si por el contrario, es de mecha corta, siempre nos quedará el graffiti. Que sigue en plena forma.

Sue975

Madrid, agosto 2017

 

Sue975

Gestado en los muros, descampados y polígonos industriales del extrarradio madrileño, el trabajo de Sue Esteban (sue975) es el resultado de una trayectoria artística fraguada en los espacios útiles para el arte urbano. La abstracción pura y la plástica mural son los dos ejes sobre los que se articula su lenguaje, marcadamente concreto y literal.

Como ponente ha impartido conferencias en la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad de Zaragoza o en espacios de arte como Swinton Gallery o la Casa Encendida.

sue975.es

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