Arte Urbano y museo. Un binomio a debate / Elena García Gayo

Al finalizar 2017 llegarán a la mayoría de edad las primeras generaciones que han crecido con el Arte Urbano*, evolucionando al mismo tiempo y desarrollando su identidad. Por lo tanto, ahora es cuando se empieza a ver la necesidad de volver a los orígenes y recapitular, echar la vista atrás para deshacer la maraña de sucesos artísticos urbanos vividos con el fin de entender y explicar el presente.

Desde aquellas primeras manifestaciones aisladas a finales de los años sesenta, la influencia de la Internacional Situacionista y Mayo del 68, junto con las primeras referencias de Keith Haring y Basquiat, se han perfilado como las inspiradoras intelectuales del Arte Urbano. Como muestra cercana, el mural que pintó Keith Haring en el Raval de Barcelona hace treinta años.

El siguiente hito importante viene con el boom que trae la crisis económica y los recortes en cultura, que dejan una parte del Arte Urbano mutado en arte popular, con los consiguientes quiebros y giros, en los que es objeto de reapropiaciones a favor de una elitización residencial[1] y bifurca en varios hilos diferentes desde los que significarse y también, por qué no, ocultarse: separándose en Arte Urbano ilegal y un muralismo de grandes dimensiones con muchas posibilidades. Una explicación posible viene dada, por una parte, por la salida a la calle de cientos de artistas, algunos en clave activista, que pone el foco en la falta de recursos de una estructura social necesitada de cambios y de oportunidades para las nuevas generaciones. Por otro lado, existe una cierta tradición muralista desarrollada en los años ochenta y noventa por algunas instituciones públicas, sirva como ejemplo, entre varios, el Mural de la paz de la época de Enrique Tierno Galván, en Madrid, de 1982.

Inauguración de Urban Nation de Berlín, Alemania, septiembre de 2017.
Fotografía de Elena García Gayo.

De esta realidad surgen los primeros festivales, que se estrenan con el siglo XXI y cuentan inicialmente con artistas emergentes, mayoritariamente muralistas. Los artistas se acogen a la fórmula que mejor les permite dar el paso a su profesionalización, y lo hacen a través de un escaparate menos elitista que las ferias de arte tradicionales o las galerías, a las que les es difícil acceder. Se integran, así, en una primera fórmula que ya es legal, para compensar las precariedades de técnicas y materiales desarrolladas por ellos hasta el momento, y que supone, a la vez, una oportunidad de visibilidad, sin dejar de ser empleo precario desarrollado a cortísimo plazo, puesto que no hay garantías de continuidad.

Ahora, poco más de una década después, se plantea una evolución lógica con varias alternativas, entre las que está, en primer lugar, entrar a formar parte del escaparate del mercado del arte a través de unas vías especializadas paralelas a las tradicionales: las ferias de arte urbano y los nuevos museos del siglo XXI, como los de reciente creación en San Petersburgo, el Urban Nation de Berlín, el MIMA de Bruselas o el futuro museo que previsiblemente surgirá de la iniciativa Street Art Today de Ámsterdam. Todos ellos muestran el trabajo de estudio de artistas «urbanos» a modo de macro galerías y algunos simulan obras callejeras ejecutadas in situ, con el reto autoimpuesto, en el caso del museo de Ámsterdam, de entrar a formar parte del Consejo Internacional de Museos (ICOM por sus siglas en inglés).[2]

Museo de Ámsterdam, exterior en obras de acondicionamiento, 2016.
Fotografía cedida por Giovanna Di Giacomo.

Según la definición del ICOM,[3] museo es «una institución sin fines lucrativos, permanente, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y expone el patrimonio material e inmaterial de la humanidad y su medio ambiente con fines de educación, estudio y recreo». Definición en la que está implícito el compromiso de hacer llegar a generaciones futuras los bienes culturales que definen a cada generación, y es en este punto en el que se justifica la necesidad de preservar la información de cómo el Arte Urbano está cambiando las ciudades, de dónde ha surgido, de quiénes son sus figuras esenciales y de por qué ha saltado a la escena cotidiana a una escala gigante. Sin embargo, lo que parece más complicado es dar con una fórmula nueva adecuada y respetuosa, pendiente de un debate profesional, interno, por parte de museólogos y conservadores,[4] donde se dé respuesta a la necesidad de preservar la memoria de nuestro tiempo.

Por lo tanto, la correcta exposición del Arte Urbano debería describir su evolución de una forma didáctica que permita entender cómo una iniciativa popular pasará irremediablemente a formar parte de la historia de las ciudades, en las que la experiencia de deambular puede ser una práctica artística que debe ser contada[5] en su contexto histórico y desde un punto de vista objetivo, aunque sea institucional, donde se reflejen, incluso, las críticas artivistas más comprometidas. El Arte Urbano debe tener un espacio para que sus acciones puedan ser documentadas de forma ordenada y accesible, sin copyright, que vaya más allá de iniciativas privadas, personales, que ahora se encuentran dispersas y son muestras parciales de un coleccionismo visual marcado por un gusto personal.

Street Art Today, futuro museo de street art en Ámsterdam, actualmente en obras, 2016.
Fotografía cedida de Giovanna Di Giacomo.

Como consecuencia de las particularidades de exposición de manifestaciones artísticas que se desarrollan en el espacio público, se plantea la necesidad de documentar debidamente la forma de actuar de muchos de los artistas, en la que va implícito el contexto como proceso creativo y que es tan importante como la propia obra final. Hay que tener en cuenta que en la era de las comunicaciones virtuales se puede llegar a desvirtuar una perfecta documentación fotográfica si no se aportan datos suficientes o se pasan por alto detalles fundamentales, que en el momento pueden resultar demasiado evidentes, pero que si no se mencionan, pasado un tiempo, las obras no podrán situarse en su contexto histórico.

Por último, es necesario abordar las posibilidades de trascendencia del Arte Urbano, que llegará irremediablemente de la mano de la conservación de obras de arte. Sin conservación no hay compromiso, nada perdura, todo caduca. Por lo tanto, parece fácil deducir que, cuando exista una vía que asegure cómo explicar el Arte Urbano a futuras generaciones, se conservarán algunas obras; esto significará que la sociedad lo ha recibido como una manifestación propia, que ha calado en la vida de las ciudades, manteniendo a la sociedad alerta y con actitud crítica. Porque las calles hablan y hay que empezar a escribir y proteger la historia que están contando.

 

* Nota del editor: La autora escribe intencionadamente «Arte Urbano» con mayúsculas iniciales para designarlo como una tendencia o etapa propia de la historia del arte. Ver Anapur, Eli: Street Art is a Period – Rafael Schacter in an Interview.

[1]. Elitización residencial o gentrificación.

[2]. Según conversación por email con Peter Ernst Coolensu, director del futuro museo de Ámsterdam, Street Art Today, y Giovanna Di Giacomo, estudiante de máster y colaboradora del proyecto (octubre de 2017).
[3]. ICOM, en su 22ª Asamblea General celebrada en Viena, 2007.

[4]. Interesante el artículo publicado por la Open Walls Gallery, firmado por Guillaume: «Does Berlin Need an Urban Art Museum Like This?» (¿Necesita Berlín un museo de Arte Urbano como este?), refiriéndose al Urban Nation. En el artículo ya se perciben una serie de carencias esenciales para la correcta conservación de cualquier objeto que sea susceptible de ser preservado con garantías y expuesto con criterio museográfico o didáctico. http://openwallsgallery.com/urban-art-museum-berlin/

[5]. La exposición «Deambular» de Eltono en ARTIUM, Museo Vasco de Arte Contemporáneo, fue una exposición que transmitía la esencia del Arte Urbano: hacía vivir al público la experiencia propuesta por el artista, que invitaba a salir a la calle a la vez que comunicaba el exterior con las salas del museo. http://www.artium.org/es/explora/sala-de-prensa/noticias/item/55194-artium-presenta-deambular,-un-proyecto-de-arte-urbano-de-eltono-para-el-programa-praxis/

Elena García Gayo

Titulada en Conservación-Restauración de Bienes Culturales por la ESCRBC de Madrid (1989) es Conservadora-Restauradora en el Servicio de Patrimonio de la Diputación Provincial de Ciudad Real desde 1990 y coordinadora del grupo de trabajo de arte urbano del GEEIC.

Desde 2014 ha sido la principal impulsora de la Plataforma Muelle así como administradora del Observatorio de Arte Urbano y de la revista digital Mural Street Art Conservation. En 2016 organizó el primer Encuentro abierto sobre Arte Urbano VINCULARTE en La Casa Encendida.

www.independent.academia.edu/EGayo

3 comentarios en “Arte Urbano y museo. Un binomio a debate / Elena García Gayo

  1. Pero no debemos olvidar que el Arte Urbano nace con vocación de temporalidad, es la esencia de la manifestación artística efímera en el espacio público, dado que utiliza un soporte cuya finalidad primera no es la expositiva. La tapia de un solar es un maravilloso lienzo (cuanto mayor y más expuesto a vistas, mejor) que desaparecerá en cuanto la edificación se materialice. Una medianera existe el tiempo que tarda en taparla un nuevo edificio. Un edificio abandonado, ya sea fábrica, iglesia o almacén, desaparecerá a causa de la ruina y el abandono, o será recuperado y restaurado adecuadamente para destinarse a un uso. En ese período de agonía del edificio, sus paredes serán escritas y reescritas en capas superpuestas, y la decadencia constructiva será germen de la manifestación artística de libre exposición, lejos del entramado mercantil del Arte ya encuadrado en un sistema de producción de obras para su explotación económica.
    La idea de conservación para trasladar a futuras generaciones algunas obras encaja en los supuestos genéricos de protección del patrimonio histórico-artístico, pero cuesta trabajo entender el Arte Urbano desligado de su contexto, el espacio público (o privado que temporalmente es accesible, no olvidemos). Parece que la mejor línea de protección de esta disciplina artística es la documentación gráfica y digital de la obra encuadrada en su entorno, su difusión mediática en las innumerables redes y la creación de un archivo histórico de libre consulta que permita, tal y como el Arte Urbano persigue, disfrutar de la observación de la obra sin pasar por taquilla ni someterla al enclaustramiento en un recinto expositivo que desvirtúa su naturaleza.

    1. Efectivamente, se contemplan como propuestas artísticas que ya no miran a la eternidad sino a sobrevivir unos años y, como mucho, a la generación que las creó. Los museos que se plantean para estas obras no cumplen (por ahora) ninguna de las funciones definidas por el ICOM. La conservación en museos de obras de este tipo tendrían que tener unas características muy especiales, que aún no se han dado.

  2. Efectivamente, se contemplan como propuestas artísticas que ya no miran a la eternidad sino a sobrevivir unos años y, como mucho, a la generación que las creó. Los museos que se plantean para estas obras no cumplen (por ahora) ninguna de las funciones definidas por el ICOM. La conservación en museos de obras de este tipo tendrían que tener unas características muy especiales, que aún no se han dado.

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