El graffiti no es «Arte» / Javier Abarca

El término «arte» se usa para referirse a cosas muy diferentes. En una acepción amplia se usa para hablar de cualquier actividad que tenga un aspecto creativo. Por ejemplo, cocinar es un arte, o la esgrima es un arte. Pero también se usa de forma específica para referirse a lo que podríamos llamar, para entendernos, «arte oficial». Me refiero al llamado «Arte con mayúscula»: la tradición artística occidental que comienza en la Grecia clásica y llega hasta la época posmoderna. La tradición que se enseña en las facultades de bellas artes y se expone en la mayoría de galerías y museos. El graffiti* puede entenderse como una forma de arte, pero no tiene nada que ver con «el Arte».

Querer entender el graffiti como parte de la tradición del arte oficial es una permanente causa de confusión. Por supuesto, el graffiti es una forma de pintura y de caligrafía, y juzgarlo en esos términos es tentador. Pero el arte del graffiti está en dónde, cómo y cuándo aparecen esas grafías. El graffiti es sobre todo un juego competitivo de exploración urbana, en el que las aptitudes gráficas no son más importantes que las estratégicas o las atléticas. Un escritor de graffiti puede ser mediocre como pintor o calígrafo, pero para salirse con la suya noche tras noche no le puede faltar el ingenio, la sangre fría y la plenitud de recursos.

Aunque el graffiti no es «Arte», es una cultura tan relevante como el arte oficial. Es mucho más joven, nació en Nueva York hace cincuenta años. Pero es heredero directo de los grafitos históricos, y estos son tan antiguos como la escritura. Y, sobre todo, tiene mucho más calado: su impacto en la humanidad es mayor, y lo practica más gente. Está tan extendido que en solo medio siglo ha generado un enorme espectro de actitudes, metodologías y estilos.

«Aunque el graffiti no es “Arte”, es una cultura tan relevante como el arte oficial»

En los últimos años, por fin, se han ido generalizando análisis más lúcidos, que localizan el valor central del graffiti en la acción y no en el resultado gráfico. Pero muchos de ellos caen en el error de querer entenderlo, entonces, como una forma de performance. El graffiti no es pintura ni es performance. Para encuadrarlo desde el prisma del arte oficial habría que referirse a él como una forma de «arte popular», un término del argot del arte oficial que se usa para referirse a casi todas las demás tradiciones artísticas. Pero el término tiene connotaciones –utilitario, rural, tribal– que no corresponden en este caso.

Durante diez años impartí una asignatura sobre graffiti en una facultad de bellas artes. Por supuesto, lo abordábamos como una cultura ajena, como podría estudiarse, por ejemplo, el tatuaje. O el flamenco en un conservatorio. Pero la diferencia jerárquica entre «Arte con mayúscula» y «arte popular» es interesada e ilusoria. El arte oficial es solo una más en una larga lista de culturas –o de tradiciones artísticas– paralelas y equivalentes que incluye el graffiti, el tatuaje o el flamenco. Cada cultura tiene su propia historia, su propio sistema de valores y su propio público, sus herramientas y metodologías características, sus registros formales, sus entornos de creación, códigos de conducta, dogmas, héroes y mitos. Cada una es tan rica como el espectador quiera profundizar en ella.

«Para encuadrar el graffiti desde el prisma del arte oficial habría que referirse a él como una forma de “arte popular”. Pero la diferencia jerárquica entre “Arte con mayúscula” y “arte popular” es interesada e ilusoria»

El término «arte oficial» puede llamar a equívoco, porque existe todo un estrato de espacios de arte contemporáneo independientes y no comerciales que no pertenecen, en principio, a lo oficial. Pero casi todos los que participan en esos circuitos aspiran a formar parte del sistema comercial del arte. Son circuitos que funcionan como una «segunda división» en la que artistas, comisarios y gestores hacen méritos a la espera de una oportunidad. Son, en definitiva, parte integral y necesaria del sistema del arte oficial.

Tal y como se entendía hace diez y quince años, el arte urbano era una cultura aparte. Casi todos sus practicantes procedían de facultades de bellas artes, pero metodologías, valores, imágenes e imaginarios eran propios, tomados del graffiti, la publicidad, el activismo y la cultura popular. Entonces la sociedad y el sistema del arte oficial comenzaron a interesarse en él, y el arte urbano se fue convirtiendo en parte de esa «segunda división». Sin embargo, dado que su aceptación desde el arte oficial sigue siendo limitada –en los estratos altos no ha dejado de ser tabú–, ha ido surgiendo todo un circuito paralelo de eventos, galerías e instituciones especializados en el campo.

De modo que el arte urbano sigue siendo en gran medida una cultura aparte, aunque tenga ya muy poco que ver con lo que fue en un principio,** y esté moldeado cada vez más a semejanza del arte oficial: artistas profesionales, salas de exposición, obras coleccionables, coleccionistas, gestores, comisarios, académicos, incluso críticos. Esta evolución ha sido posibilitada por el cambio general de sensibilidad hacia el arte libre en la calle, que ha pasado de estar demonizado a ser un potente reclamo. Pero, mientras el arte urbano se transformaba de arriba abajo con los nuevos vientos, el graffiti apenas ha acusado el cambio. Unos pocos escritores pasan a ser artistas profesionales en el circuito del arte oficial, o en el nuevo circuito comercial del arte urbano, pero la escena no ha dejado de existir como una cultura aparte, centrada en sus tradiciones propias.

Me gustaría pensar que, en estos tiempos de arte urbano desnaturalizado, enfocarse en el graffiti nos puede devolver a los valores originales del arte libre en la calle. Y hasta cierto punto es así. Pero, por desgracia, el graffiti ha sufrido su propio proceso de desnaturalización aguda. En este caso el cambio ha venido, en gran medida, desde dentro: son los medios especializados y el mercado de productos especializados los que han transformado por completo el modo en que el graffiti se aprende, se practica y se aprecia. Pero entender este cambio es ya tarea de otro texto.

* Nota del editor: El autor ha decidido escribir el término «graffiti» en letra redonda para facilitar la lectura, ya que este aparece muchas veces en el texto.

** Ver «Del arte urbano a los murales, ¿qué hemos perdido?» (Javier Abarca, 2016) y «Curating street art» (Javier Abarca, 2017).

Javier Abarca

Artista, investigador y docente especializado en graffiti y arte urbano. Figura principal de la primera generación del graffiti español, impartió entre 2006 y 2015 una asignatura sobre graffiti y arte urbano en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid en Aranjuez. Publica desde 2008 la web Urbanario. Es fundador y director de la feria editorial Unlock y co-dirigió el congreso Tag Conference.

Abarca es un especialista reconocido en la escena internacional y presencia habitual en congresos y festivales europeos. Su tesis (2010) y sus textos son citados frecuentemente en la literatura especializada. Ha desarrollado trabajos de docencia, crítica, comisariado y dirección de eventos para museos e instituciones de España y Europa.

El trabajo de Abarca se caracteriza por tratar aspectos esenciales del graffiti y el arte urbano tales como la exploración de los márgenes, la atención al contexto, la escala humana o las obras en red. Un espacio de trabajo alejado de la monumentalidad y el kitsch que hoy caracterizan la concepción mayoritaria del arte urbano.
javierabarca.es
urbanario.es

6 comentarios en “El graffiti no es «Arte» / Javier Abarca

  1. Hola!! Soy estudiante de historia del arte, y mi tesis aborda justo este dilema, el dilema del graffiti en días donde los “escritores” han comenzado la busqueda por la aceptación de ese circulo oficial del arte sin que precisamente su expresión pueda catalogarse como arte, ahora bien; siguiendo totalmente la escuela española, he propuesto el estudio de este fenómeno en varias partes, la expresión pública independiente, las pintas, el neomuralismo, y el graffiti. Pues a mi parecer la parte medular de esta nueva discusión radica en “graffiti feo”(el graffiti en escencia; y me atrevo a utilizar este adjwtivo pues me parece qie el graffiti hecho en los años 70’s en nueva york pueder ser considerado hoy en día como feo) y el graffiti bonito o bien hecho(que es el más acercado al muralismo y que en la mayoria de las veces pierde muchas características bien planteadas por usted, cómo lo son el anonimato, el cobijo de la noche, y por su puesto y pieza fundamental la ilegalidad del actol, pues muchas de estas bardas se han concretado con un permiso previo por parte del dueño).

    Pero el graffiti en mi parecer debe ser feo, baste mencionar a algunas de “las leyendas del graffiti mundial” Zombra, que es muy feo lo que hace, Utha Ether, Neko,Wanto, Smog, Drax…en su mayoria son piezas que entran en el rubro de graffiti feo, pero eso y no otra cosa es el graffiti.

    Espero poder trabajar con usted y pueda darme un poco de luz en este camino. Gracias por la atención.

    1. No tiene nada que ver con lo feo o lo bonito…
      Se trata de tener estilo o no tenerlo…

      De los que has dicho nadie hace graffiti feo

    2. El trabajo de casi todos los escritores que mencionas me parece bonito, no feo. El graffiti de los 70 me parece el más bonito que se ha hecho. El graffiti “bien hecho” al que te refieres me suele parecer feo. La mayoría de murales también. Y no soy la única persona informada que piensa así. De todos modos, nuestra opinión al respecto es irrelevante en esta discusión. Bonito y feo son términos subjetivos, discutir sobre ellos no lleva a ningún lado.

  2. Me encuentro profundamente identificado con el texto, es de suma relevancia, es algo que me llama mucho la atención, me gustaría poder compartir y leer mas sobre esta corriente, especialmente la nacional, (México) con otros individuos afines a este. Pues me encuentro desarrollando un proyecto personal, que quizás sea de su agrado. Sin más por el momento, me gustaría intercambiar palabra con Javier, y platicarle un poco, quizás sea de su interés y pueda profundizar más en ello. Gracias.
    ¡¡”El arte a muerto que viva el grafiti”!!

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