Carlos Raúl Villanueva y la Síntesis de las Artes / María Fernanda Jaua

En 1952, el arquitecto Carlos Raúl Villanueva inicia el proyecto del Centro Directivo Cultural de la Ciudad Universitaria de Caracas, donde tiene la oportunidad de llevar a la práctica la culminación de sus propuestas sobre la «Síntesis de las Artes». Este conjunto, conocido también como Conjunto Central, señala el cambio más relevante en el proceso de desarrollo del campus: de los edificios iniciales, dispuestos a lo largo de un eje de simetría académico y proyectados según los criterios formales de la primera modernidad cúbica y blanca, Villanueva pasa al organicismo en la composición y a la plasticidad de estructuras de hormigón a la vista. Las edificaciones conforman espacios intermedios, abiertos y, a la vez, protegidos de la luz y el calor del trópico, en un conjunto asimétrico que se extiende de manera centrífuga hacia todas las direcciones, desde y en torno al principal espacio público de la Ciudad Universitaria: la Plaza Cubierta. Villanueva concibe la arquitectura de manera inseparable a la participación del arte. Para ello desarrolla el proyecto en colaboración con un importante número de artistas internacionales y un grupo de jóvenes artistas venezolanos, la gran mayoría vinculados a las propuestas y discusiones que se llevaban a cabo entonces sobre el arte abstracto y su papel en el espacio público.

Fig. 1: Carlos Raúl Villanueva, Henri Laurens y Fernand Léger. Vista de la Plaza Cubierta y el Aula Magna con la escultura Amphion y el Bimural. Fotografía: Julio César Mesa Arboleda @juliotavolo.
Fig. 2: Carlos Raúl Villanueva y Pascual Navarro. Vista de la Plaza Cubierta y el edificio del Rectorado con mural sin título. Fotografía: Julio César Mesa Arboleda @juliotavolo.

En el Conjunto Central se despliega el proyecto Síntesis de las Artes, con murales de cerámica vitrificada, tanto en las fachadas de los edificios como sobre paredes exentas que conforman espacios, con esculturas en plazas y jardines para crear puntos focales y con vitrales y móviles que caracterizan las diferentes estancias interiores. Las obras no se perciben de manera aislada: cada pieza establece un diálogo con las formas arquitectónicas y su materialidad, con las rampas y escaleras en los espacios de diferentes alturas, con la luz, con la naturaleza y con las otras obras de arte que la acompañan. El Amphion de Henri Laurens, situado bajo una de las aberturas del techo de la Plaza Cubierta, se percibe en su relación con la estructura del Aula Magna, con el Bimural de Fernand Léger y con la vista hacia los jardines exteriores (Fig. 1). El mural de Pascual Navarro, iluminado por la luz natural en el jardín situado entre la Plaza Cubierta y el edificio del Rectorado, contrasta con la penumbra del espacio bajo el techo (Fig. 2). El Pastor de nubes de Jean Arp, por delante de un espejo de agua y de uno de los murales de Mateo Manaure, dialoga con los elementos de hormigón de la plaza, con las costillas del Aula Magna y con el volumen de mosaicos rojos de la torre de la Biblioteca Central (Fig. 3). En el vestíbulo de la biblioteca, la estructura metálica de Positivo-Negativo de Victor Vasarely, acompañada por murales de Navarro y Manaure, está iluminada a través de una abertura hexagonal en la cubierta que produce sombras que se mueven a lo largo del día (Fig. 4). De esta manera, podríamos continuar describiendo relaciones entre las obras de arte y la arquitectura que son casi infinitas.

Fig. 3: Carlos Raúl Villanueva, Jean Arp y Mateo Manaure. Vista de la Plaza Cubierta, el Aula Magna y la Torre de la Biblioteca Central con la escultura Pastor de nubes y mural sin título. Fotografía: Julio César Mesa Arboleda @juliotavolo.
Fig. 4: Carlos Raúl Villanueva, Victor Vasarely, Pascual Navarro y Mateo Manaure. Vista del vestíbulo de la Biblioteca Central con Positivo-Negativo y murales sin título. Fotografía: Julio César Mesa Arboleda @juliotavolo.

En sintonía con las ideas de su época, Villanueva entiende que la experiencia arquitectónica requiere del recorrido, es decir, del tiempo. Por ello explica el espacio continuo del Conjunto Central comparándolo con un sistema de movimientos musicales. En un boceto de la planta indica la disposición de las obras y dibuja líneas curvas que se ramifican y cambian de espesor para señalar los posibles trayectos, con círculos concéntricos que distinguen los momentos culminantes de la experiencia (Fig. 5). Unos años después, explica cómo el espacio dinámico, que se percibe a lo largo del recorrido, ha sustituido la concepción estática tradicional: «Los cambios introducidos en la imagen que uno tenía del mundo físico habían modificado totalmente nuestro concepto de la estructura espacial, pero fue en realidad especialmente la revolución cubista quien enseñó a los arquitectos el nuevo camino donde uno llega a concebir un espacio en cuatro dimensiones y donde el tiempo justamente las representa. Los arquitectos entonces sustituyeron a un espacio eminentemente estático, por otro esencialmente dinámico. El espacio se conoce porque algo se mueve: el objeto o el espectador y la marcha hacen aparecer bajo nuestra visual la diversidad de los acontecimientos. Se logra hacer desaparecer el sentido de la fachada y el espectador se ve obligado a moverse en torno de la arquitectura para comprenderla, sentirla y saborearla…»[1]

Fig. 5: Carlos Raúl Villanueva. Boceto indicando recorridos posibles en la planta baja del Conjunto Central de la Ciudad Universitaria de Caracas. Fuente: Sibyl Moholy-Nagy, Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela, Caracas: Instituto de Patrimonio Cultural, 1999.

Al analizar el trabajo de Villanueva sobre la relación entre las artes, interesa observar no solamente los resultados sino también las ideas acerca de su significado y de su desarrollo en el tiempo.[2] Desde una visión evolutiva del arte, Villanueva define la síntesis como un momento de transición hacia la integración. En la síntesis, las artes confluyen en el espacio arquitectónico conservando sus características tradicionales para formar una nueva unidad. Esa nueva unidad posee una nueva calidad por cuanto es más que la suma de las partes que la componen, pero es antigua en sus características porque la arquitectura sigue siendo el marco previo, sobre el cual actúan las otras artes aceptando su primacía. En cambio, explica, para lograr la integración no se parte del marco previo de la arquitectura: la integración está asociada al proceso industrial, tanto desde el punto de vista de la producción mecanizada como de la transformación de las relaciones económicas y sociales que esta conlleva. El diseño industrial es entonces, para Villanueva, manifestación clara del concepto de integración. Es interesante observar cómo su visión del desarrollo futuro de la relación entre las artes traslada el acento desde el espacio habitado hacia los modos de producción. Así mismo, cómo esta manera de entender que las artes pasarán a formar parte de los procesos vitales del ser humano, se puede explicar como una interpretación de la idea del fin del arte: una noción común a la mayoría de las propuestas de las vanguardias del arte moderno que se expresó de diferentes maneras en cada una. Villanueva reconoce, en ese momento, que esta visión es utópica pero, a la vez, manifiesta su optimismo y la necesidad de trabajar en esa dirección.

El pensamiento de Villanueva también predice ideas actuales sobre la relación entre el arte, el espacio público y la participación ciudadana: «Introducir la obra pictórica o escultórica dentro del marco arquitectónico, significa actualmente evidenciar un claro deseo de asumir responsabilidades sociales. ¿Hace falta repetir que el artista contemporáneo ya no puede crear para sí mismo, en un mundo personal cuya comprensión esté circunscripta a un número limitado de personas o que flote en el aislamiento estéril de la actuación individual?».[3] En sus realizaciones podemos comprobar los logros de una obra que trasciende un programa particular para convertirse en un modelo comprometido con los modos de habitar los espacios públicos. En sus ideas podemos advertir un antecedente del valor que hoy en día le otorgamos a la participación colectiva en la producción de esos espacios.

 

Notas

[1] Carlos Raúl Villanueva, «Tendencias actuales de la arquitectura», Caracas, 1963. http://www.fundacionvillanueva.org/FV05/escritos/07tendencias.html [Acceso el 14 de marzo de 2019]

[2] Carlos Raúl Villanueva, «La síntesis de las artes», comunicación presentada en el Coloquio Internacional de Royaumont titulado “Liaison entre les arts. L’histoire d’une époque (1890-1962)”, Royaumont, 1962. http://www.fundacionvillanueva.org/FV05/escritos/04sintesis.html [Acceso el 14 de marzo de 2019]

[3] Carlos Raúl Villanueva, «Síntesis de las Artes», s/f. http://www.fundacionvillanueva.org/FV05/escritos/10sintesis2.html [Acceso el 14 de marzo de 2019]

María Fernanda Jaua

Arquitecta de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y doctora en Proyectos Arquitectónicos de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC). Profesora de Historia de la Arquitectura en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV desde 1981 hasta 2018. Investigadora especializada en arquitectura moderna y
fotografía de arquitectura. Actualmente forma parte del Grupo de Investigación Form+ de la UPC (click.upc.edu).
María Fernanda Jaua se ha destacado por sus estudios acerca del patrimonio arquitectónico moderno venezolano, principalmente por su contribución en la postulación de la Ciudad Universitaria de Caracas a la lista de Patrimonio Mundial, otorgada en 2000. Recientemente por sus publicaciones y participación en congresos
y seminarios sobre fotografía de arquitectura y como profesora de historia de la arquitectura moderna, invitada en escuelas de arquitectura en Europa y América Latina.

2 comentarios en “Carlos Raúl Villanueva y la Síntesis de las Artes / María Fernanda Jaua

  1. Me parece fabuloso, necesario, fecundo, valioso, q arropa y muestra el protagonismo en nuestra historia ciudadana de un excelente profesional q nos dejó un importantísimo legado que no decae en el tiempo.

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