Pintar la calle como acto de activismo feminista / Laura Luque Rodrigo

Peio Riaño se preguntó en su libro Las invisibles. ¿Por qué el Museo del Prado ignora a las mujeres? (Capitán Swing, 2020) por la presencia de mujeres artistas en los museos. Realmente, las mujeres siempre han estado presentes en las historia del arte, en la medida en que se les ha permitido. El problema está en que, generalmente, el acceso a la profesión, como a cualquier otra, les estaba vetado y, cuando lo conseguían, la historia se encargaba de tapar sus nombres o de pasarlas a un segundo plano. Un ejemplo claro es el descubrimiento reciente de que la mayoría de las pinturas rupestres fueron realizadas por mujeres. Anteriormente, esta realidad ni siquiera se había planteado, simplemente se dio por hecho que habían sido creadas por los hombres [1].

Se sabe de las dificultades de muchas mujeres para poder realizarse profesionalmente como artistas, algo que nos hace pensar en cuántas grandes obras se habrá perdido la humanidad por vetar a la mitad de la población. Un caso claro es el de María Anna Mozart, genio de la música, reconocida por su propio hermano como tal, que tuvo que abandonar su don porque no era digno de una mujer en edad de casarse tener un trabajo remunerado [2]. La pregunta es ¿cuántas obras de las que conocemos por anónimas o que incluso están firmadas con seudónimos masculinos esconderán detrás a una mujer artista? Sabemos que la mayoría de las autoras de la Edad Moderna, que es cuando empezamos a tener más cantidad de nombres femeninos, eran hijas o esposas de artistas, pues no tenían otra forma de acceder a los talleres, ya que no se les permitía examinarse para ello. Y aun así sufrían numerosas dificultades, como leemos en las biografías de artistas como Luisa Roldán, entre otras muchas [3], también de la contemporaneidad, ¿o no acabaron, incluso, siendo tachadas de locas mujeres artistas como Maruja Mallo o Remedios Varo, entre otras? [4].

Pero la mayor incógnita surge cuando observamos el mundo del arte actual. ¿Dónde están las mujeres en las ferias de arte, en las exposiciones, en las galerías? [5] Sí que están, y son una gran mayoría, en las facultades de Bellas Artes de las universidades. Algunas artistas como Yolanda Domínguez [6], Verónica Ruth Frías [7], o Mar García Ranedo [8], entre otras muchas, han denunciado constantemente con sus obras esta ausencia tan evidente y recalcitrante.

El mundo del graffiti y el arte urbano no iba a ser distinto. Ya en 2018, Pere Grané Feliu, reflexionó en este mismo medio sobre el dominio masculino en la pintura callejera [9]; la artista Nuria Mora, en una entrevista realizada para Realidades Inexistentes hace nueve años (Dueñas Villaimiel, 2002) comentaba que el arte urbano es un mundo machista. Que tantos años después sigamos necesitando tratar el tema da a entender que la situación no ha cambiado mucho.

Las actividades de los hombres a lo largo de la historia y las culturas se han desarrollado fuera del espacio doméstico, mientras que la casa quedaba unida a lo femenino, es decir, la ciudad era un espacio masculino en sí mismo. Pero en la actualidad, el espacio urbano es también de las mujeres, un lugar que han conquistado con su presencia a base de lucha durante las distintas olas feministas y con el día a día. Sin embargo, sigue siendo un lugar hostil para las mujeres, donde se ejerce violencia sobre nosotras con más frecuencia.

La ONU advierte de que «las mujeres y los hombres, las niñas y los niños, experimentan el proceso de urbanización y la vida en la ciudad de manera diferenciada» [10]. Se ha entendido que la forma de hacer la ciudad más igualitaria era mediante la incorporación de mujeres arquitectas y urbanistas; en España han surgido colectivos de mujeres (como Mujeres Urbanistas o Col·lectiu Punt 6, entre otros) que proponen cambiar el modelo de ciudad para que esté pensada para ser vivida y no solo para moverse y trabajar. Las propuestas de estos colectivos parten sin duda de las aportaciones de Jane Jacobs y sus reflexiones sobre la vigilancia informal, pues la dureza que han adquirido nuestras ciudades, con espacios despoblados de elementos, no solo facilita la comercialización del espacio público, sino también el ver y ser vistos. La eliminación de espacios oscuros y recónditos dificulta el acoso callejero.

Por otro lado, la ONU, en sus Objetivos de desarrollo sostenible, señala aspectos como la igualdad de género (ODS 5) y la creación de ciudades y comunidades más sostenibles y resilientes (ODS 11). Estos objetivos, que se deberían materializar a través de documentos internacionales como la Carta de Leipzig sobre Ciudades Europeas Sostenibles y el Libro Blanco, en España, están aún lejos de alcanzarse y el horizonte del año 2030 cada vez está más cerca. La pandemia, precisamente, ha visibilizado algunos de los problemas relacionados con esto, como la necesidad de desarrollar un consumo responsable mediante el comercio local como elemento estabilizador y humanizador del territorio.

Laura Elkin y Janet Wolf incluso emplearon el término flâneuse, usado como variante de flâneur —paseante callejero—, en referencia a las mujeres que, cambiando el modo de moverse por el espacio urbano, pueden intervenir en la organización de este. En 2010, la artista Valle Galera realizó una intervención en la plaza Grao de Castellón, en la que se observaba cómo el urbanismo influye en los comportamientos y movimientos de las mujeres.

No obstante, la idea de tomar la calle como forma de activismo feminista va más allá de la arquitectura y el urbanismo, lo vemos también en la performance ideada por Maruja Mallo y Margarita Manso, cuando decidieron caminar por la Puerta del Sol de Madrid sin sombrero, acto que causó que recibieran insultos e incluso agresiones y que fueran tildadas de prostitutas. Este acto de rebeldía, que en la actualidad nos pudiera parecer insignificante, ha conllevada que al grupo de mujeres que formaron parte activa de la Generación del 27, olvidadas durante tanto tiempo, se las conozca ahora como Las Sinsombrero. Otras performers de la década de 1970 (a raíz de la tercera ola feminista y de los estudios históricos feministas que parten de la obra de Kate Miller, Política Sexual, publicada en 1969), tomaron la calle con sus acciones como forma de activismo. Incluso antes, Valie Export, en El archivo de la condición canina (1969), paseó por una zona comercial de Viena con Peter Weibel atado a una correa y caminando a cuatro patas como si fuera una mascota, por citar un ejemplo de su obra. También de manera reciente, otras artistas han tomado la calle con sus performances, como Yolanda Domínguez en Pido Para un Channel (2010) o, anteriormente, Pilar Albarracín con Sangre en la calle (1992), ocho acciones transcurridas en el centro de Sevilla que buscaban provocar la reflexión y el diálogo en un momento donde aún no se hablaba de violencia machista públicamente (no fue hasta 1997, tras el asesinato de Ana Orantes); en esas acciones se situaba a mujeres ensangrentadas tiradas en el suelo, con lo que se mostraba la violencia ejercida sobre las mujeres de forma escandalosa.

Swoon
Swoon
Alixa and Naima, Brooklyn (Nueva York), 2008.
Fotografía cedida por la artista.

Retomando el tema que nos ocupa, las mujeres se sumaron al graffiti desde sus inicios en los años 70 en EE. UU.; una de las artistas más conocidas de ese periodo es Lady Pink, que rápidamente se unió al movimiento feminista de la época. En el resto del mundo, la incorporación de la mujer al arte urbano fue más tardía, ya en la década de los 80. Sin embargo, si miramos la lista de artistas de cualquier festival actual o, por ejemplo, de la Liga Nacional de Graffiti [11], las mujeres son un porcentaje muy pequeño. Además, todavía se enfrentan a cuestiones como la que expresaba Swoon, que cuenta como, por su estilo y su nombre, la gente no imaginaba cuál era su sexo y que mostraban su asombro al verla; con cierto tono de tristeza narra cómo la gente se fijaba en ella más por el hecho de ser mujer y graffitera que por su propia obra y eso le molestaba mucho (Ganz, 2006: 9).

Tal vez, el hecho de que, como se ha mencionado, la calle sea un lugar especialmente hostil para las mujeres, haya provocado que se hayan atrevido menos a salir a las calles a pintar, pero eso explicaría las ausencias en un arte espontáneo y autogestionado, no tanto en festivales, pues sabemos que empezar desde la ilegalidad no es el único camino para llegar a ellos. Esto es una realidad que ha producido que grupos de mujeres se unieran entre ellas para salir a pintar sintiéndose más seguras. Otra causa sin duda puede ser la falta de referentes, que conlleva además la aparición del síndrome de la impostora entre quienes logran estar ahí.

No obstante, la calidad de sus obras es al menos igual a la de sus compañeros masculinos y, con frecuencia, tanto la estética como el contenido son muy similares. Sin embargo, también es cierto que muchas de estas mujeres usan sus obras como una forma de activismo en favor de la igualdad. De hecho, posiblemente aquí radica, sobre todo, la importancia de que las mujeres que hacen arte en la calle alcancen mayor visibilidad, ya que este medio es un gran altavoz para mostrar la lucha por la igualdad. Por ejemplo, en Afganistán hay mujeres pintando los muros en pro de las propias mujeres, como la artista Shamsia Hassani [12], que trata de traer cambios positivos a la sociedad con su arte. En un país donde las mujeres no tienen derechos y el graffiti no existía, la labor de Shamsia Hassani cobra aún más fuerza. Estas acciones son también muy importantes en Latinoamérica, donde las mujeres, a través del graffiti, reivindican derechos como el aborto o denuncian el maltrato. Algunos de los colectivos que llevan a cabo este trabajo de denuncia y reivindicación son el grupo Abusa Crew o, en México, Paste Up Morras, Lana Desastre y Comando Engrudo, entre otros [13]; o bien Mujeres Públicas, en Argentina, que se autodefinen como grupo feminista de activismo visual.

En España y, en general, en Europa, existe la tendencia de que los proyectos de arte urbano que incluyen a mujeres estén orientados a la celebración del 8M. No obstante, artistas urbanas como Faith47, Panmela Castro, Nuria Mora, Miss Van o Btoy, entre otras muchas, han usado los muros como espacio donde tratar de visibilizar la desigualdad de las mujeres. El arte, si es activista, usará preferiblemente la calle, si bien actualmente las redes sociales se han convertido en una especie de espacio público alternativo, un no-lugar donde es posible alcanzar gran visibilidad. Volviendo a retomar el tema de las performance feministas que toman la calle, no hay que perder de vista que el graffiti y el arte urbano tienen algo de performático y que pueden adquirir especial relación con el espacio y la comunidad cuando se integran dentro del denominado arte relacional. El arte urbano, en este sentido, además de servir para reivindicar necesidades sociales, para educar colectivamente en temas como la igualdad de género o simplemente para embellecerlas, también puede tener el valor de humanizar de nuevo los espacios.

La incipiente Red Iberoamericana de Arte Urbano dedicó su segunda sesión, el pasado 22 de enero, precisamente a reflexionar sobre arte urbano e igualdad de género. En ella emergieron temas muy interesantes y de los que habría que debatir largo y tendido, como por ejemplo las cuotas o la presencia de otras personas no visibilizadas, como las chicas trans. La inclusión es una cuestión muy amplia, pues, si atendemos al concepto de interseccionalidad, nos daremos cuenta de que la brecha aumenta si hablamos no ya de mujeres, sino de mujeres negras, con alguna discapacidad, etc. En este sentido, un punto también importante es la implementación del lenguaje inclusivo en las convocatorias, los festivales, etc.

Lo cierto es que las mujeres a lo largo de la historia contemporánea han usado la calle como forma de reivindicar los derechos más básicos, la igualdad como seres humanos. Este hecho, que se considera político, es también una vía para invisibilizar los trazos femeninos, no hay más que ver cómo incluso una obra hecha por un hombre, pero que representa a mujeres, ha estado a punto de ser borrada recientemente en Madrid [14]. Es por ello que la presencia de las mujeres en las calles es no solo necesaria, sino imprescindible. Salir a pintar la calle es un acto de activismo feminista, una acción para apropiarse del espacio, para convertirlo en un lugar no solo masculino, para que sea seguro para nosotras, para mostrar que las mujeres artistas existen, que, si no están en las ferias de arte, estarán en la calle. Sin duda la sororidad será una de las vías que permita el aumento de las mujeres en el arte urbano y en el arte en general; y la calle será un espacio de aprendizaje colectivo que contribuya a generar una sociedad más igualitaria y equitativa.

 

Notas

[1] Olaya, Vicente. (28 de septiembre de 2020). Las mujeres tuvieron un papel activo en el arte rupestre. El País. https://elpais.com/cultura/2020-09-28/las-mujeres-tuvieron-un-papel-activo-en-el-arte-rupestre.html. Recuperado el 31 de enero de 2020.

[2] ABC. (2 de noviembre de 2015). La hermana de Mozart también era un genio, pero dejó de tocar para encontrar marido. https://www.abc.es/cultura/musica/abci-hermana-mozart-tambien-genio-pero-dejo-tocar-encontrar-marido-201511021402_noticia.html. Recuperado el 31 de enero de 2020.

[3] Capítulo 3 de la serie documental Pioneras, dedicado a Luisa Roldán: Muñoz, Sandra. (2 de noviembre de 2020). ‘Pioneras’, la serie documental que da visibilidad a las mujeres olvidadas de la Historia. Harpers Bazaar. https://www.harpersbazaar.com/es/cultura/ocio/a34532651/pioneras-serie-movistar-mujeres-olvidadas-historia/. Recuperado el 31 de enero de 2020.

[4] Quirosa García, María Victoria. Y la nave va. Plástica contemporánea en los límites de lo establecido. Litoral: revista de la poesía y el pensamiento (263), págs. 198-205.

[5] Informes sobre la presencia de mujeres realizados por Mujeres en las Artes Visuales (MAV): Mujeres en las Artes Visuales. (2020). Ferias / Los datos bajo el prisma del género. Avance del informe MAV #20. https://mav.org.es/ferias-arte-2020-mav/. Recuperado el 31 de enero de 2020).

[6] Propuesta de Yolanda Domínguez presentada en la inauguración de la feria internacional ARCO 2018: Domínguez, Yolanda. (2018) Estamos aquí. https://yolandadominguez.com/portfolio/estamos-aqui/. Recuperado el 2 de abril de 2020.

[7] Verónica Ruth Frías en Arco 2018 con Pink Power: Max Nitrofoska. (2018). I AM A WOMAN performance de Veronica Ruth Frias. [Vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=pQyHIzaOU1w. Recuperado el 31 de enero de 2020).

Europa Press. (22 de febrero de 2018). La artista Verónica Ruth Frías afirma en ARCO que el arte debe ser una herramienta para «cambiar el mundo». https://www.europapress.es/andalucia/cordoba-unica-01012/noticia-artista-veronica-ruth-frias-afirma-arco-arte-debe-ser-herramienta-cambiar-mundo-20180222171912.html. Recuperado el 31 de enero de 2020).

[8] Mar García Ranedo, El señuelo: Muñoz, Aurora. (12 de noviembre de 2015). Mar García Renedo: «El arte contemporáneo es un sistema simbólico de lectura». Presente Continuo. http://presente-continuo.org/entradas/entrevista/183/mar-garca-ranedo. Recuperado el 31 de enero de 2020.

[9] Grané Feliu, Pere, (2018). El dominio masculino en la pintura callejera. Ensayos Urbanos. http://www.ensayosurbanos.com/2018/10/06/el-dominio-masculino-en-la-pintura-callejera/. Recuperado el 31 de enero de 2020.

[10] ONU-Hábitat. (2017). http://onuhabitat.org.mx/index.php/la-nueva-agenda-urbana-en-espanol. Recuperado el 31 de enero de 2020.

Burbano, A. (2014). Ideas para una mejor vida urbana. Conferencia TedX Universidad Piloto. [Vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=960GlVnkTfM. Recuperado el 31 de enero de 2020.

[11] https://liganacionaldegraffiti.com/. Recuperado el 31 de enero de 2020.

[12] Shamsia Hassani. https://www.instagram.com/shamsiahassani/?hl=es. Recuperado el 31 de enero de 2020.

[13] CONARTE. (2020). «Disruptivas. Estrategias Artísticas Feministas en el Espacio Urbano». https://www.youtube.com/watch?v=en6Rb0KdUhg&t=484s. Recuperado el 3 de abril de 2021.

[14] El Mural no solo se ha quedado, sino que ha generado un movimiento de apoyo que ha llevado, por ejemplo, a que se realice una copia en Córdoba. Aumente, Carmen. (29 de enero de 2021). Alumnos de un instituto de Puente Genil reproducen el mural feminista que querían borrar en Madrid. Diario Córdoba. https://www.diariocordoba.com/noticias/cordobaprovincia/alumnos-instituto-puente-genil-reproducen-mural-feminista-querian-borrar-madrid_1408666.html. Recuperado el 31 de enero de 2020.

 

Bibliografía

Arrazola, Txaro. (2016). Plataforma A, colectivo vasco para la incorporación normalizada de las mujeres en el Sistema del arte. En Extramurs 3(5), págs. 289-318.

Ganz, Nicholas. (2006). Graffiti mujer: Arte urbano de los cinco continentes. Gustavo Gili.

Gonçalves de Paula, Priscilla Danielle. (2008). Graffiti hip hop femenino en España a finales del siglo XX: la singularidad como significancia. (Tesis doctoral). Universidad Politécnica de Valencia.

Dueñas Villaimiel, Jorge. (2002). Entrevista a Nuria Mora. Realidades Inexistentes. http://www.realidadesinexistentes.com/entrevista-a-nuria-mora. (Consultado el 31 de enero de 2020).

Webs de artistas mencionados

http://vallegalera.com/

http://yolandadominguez.com/

http://www.margarciaranedo.com/

http://cargocollective.com/veronicaruthfrias

https://www.lassinsombrero.com/ellas

 

Laura Luque Rodrigo

Doctora en Historia del Arte, profesora en la  Universidad de Jaén y Co-Coordinadora del Grupo Arte Urbano y Público GE-IIC.